miércoles, 6 de mayo de 2015

“La Guerra del Pacífico fue concebida en Londres”




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La siguiente entrevista fue realizada al historiador francés François Schollaert Paz quien da un nuevo punto de vista, en base a diversos documentos, del papel jugado por el otrora Imperio Británico en conflictos como la guerra de Perú-Bolivia contra Chile de 1879 a 1883, o los procesos de independencia en los países sudamericanos, como de los personajes e intereses económicos que hubieron detrás de estos sucesos del siglo XIX.
¿Cómo comenzó tu interés por la historia de Sudamérica?
 Mi padre fue una gran influencia en mi interés por la historia en general. Él investigó mucho la historia de Bolivia en el contexto internacional. Sin embargo, empecé a interesarme seriamente cuando llegué a Inglaterra a mis 19 años.
Durante mis estudios en Londres participé de las conferencias en Canning House, un centro de conferencias para temas relacionados a Latinoamérica en el ámbito político, histórico, cultural y comercial. Me llamó mucho la atención cuando vi que en la plaza donde se encuentra Canning House (en pleno centro de Londres) se levantó una estatua de Simón Bolívar. Fue en ese momento que me pregunté: ¿por qué Inglaterra un país  con una extensa historia tendría una estatua del héroe latinoamericano en el corazón de su capital?  Es así que comencé a informarme sobre la relación histórica británico-sudamericana. Como trabajo final en la Universidad, escribí una tesis sobre la influencia del Imperio Británico en la Independencia de Bolivia.
¿Tuvieron mucho que ver las logias masónicas?
Hoy en día hablar de logias masónicas es considerado hablar de “conspiración”, así que prefiero evitar hablar al respecto, pero es un hecho que las logias estuvieron presentes en las tomas de decisiones para la creación de las Nuevas Repúblicas de América. El ejemplo más común es el de Simón Bolívar. Bolívar era un empresario, dueño del cacao en la zona que hoy se conoce como Venezuela y Colombia. Los Bolívar enfrentaron muchas trabas de parte del Imperio Español en la exportación de su cacao. España impuso el monopolio  del cacao y no permitía a los Bolívar negociar con otros países. Con el avance del Imperio comercial británico a inicios del siglo XIX, Los mercantes ingleses le propusieron a Bolívar el “Free trade” o libre comercio. Es ahí cuando Bolívar crea lazos estrechos con Inglaterra y hacen un intercambio: la Independencia para el continente Latinoamericano y el comercio del mismo para Inglaterra. Con este contacto, Bolívar viaja a Londres donde es introducido a las Logias Masónicas. La Independencia de América es un plan que nace en Londres, al igual que la Guerra del Pacífico. Simón Bolívar vuelve a  Latinoamérica con el Apoyo de Inglaterra y es ahí cuando se inician las fuertes relaciones entre el Imperio Británico y las nuevas Repúblicas Americanas. Una de las logias a las que Bolívar perteneció fue la Logia Lautarina o Logia de los Caballeros Racionales fundada en Londres en 1797.  Si una persona puede llegar a creer que Inglaterra estuvo muy presente en las Guerras Independentistas de Sudamérica, podrá entender con más facilidad la razón por la cual los ingleses estuvieron también presentes en la Guerra del Pacífico.
¿Qué pasó con  Chile?
En Chile la influencia británica es más fuerte por el hecho de que está ubicado en las costas y que en el siglo 19 tenía una población relativamente pequeña si comparamos con los demás países de la región. Además, Chile tenía menos cercanía con el Imperio Español, ya que este último tenía más presencia al interior del continente, es el caso de la ciudad de Sucre o la Ciudad de México. Bolivia por su posición alejada de los mares, estaba más alejada de la influencia británica. Si vemos como se organiza el Imperio español, es un imperio que pone el poder al centro, como es el caso de su capital Madrid, mientras que Inglaterra busca más las regiones conectadas al mar, o costeras como Chile. Antes de la independencia sudamericana, los centros vitales estaban ubicados más al centro del continente, pero después de la independencia, con la influencia británica, las capitales se van a las costas: Santiago y Valparaíso, Lima y Callao, Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro entre otras ciudades son ejemplos. Bolivia es un caso diferente, sin embargo, La Paz le quitó la capital a Sucre, porque Sucre no tenía movimiento económico y La Paz estaba más cerca al mar, o sea al comercio. Tengo la impresión de que La Paz es la capital porque está mucho más ligada a las costas del Pacífico. Inglaterra controló los mares por los últimos 200 años.
Tengo en mi poder un artículo de un periódico británico de los años en los que se desató la Guerra del Pacífico, en el cual se puede apreciar el interés que tenían por las costas. En el artículo atacan muy fuerte a Bolivia diciendo que “es un países semi-bárbaro que no conoce la civilización” – y agregando que – “a Inglaterra no le interesa mucho esta nación, pero sí el Pacífico, donde existen dos países como Chile y Perú que están bajo la influencia británica y lo saben, porque no pueden hacer mucho contra la flota inglesa”, debido a su vulnerabilidad a los barcos.
¿Estás diciendo que el poderío marítimo inglés ha configurado geopolíticamente la distribución de los países y de las capitales en América del Sur?
Definitivamente. Fue muy similar a la división de los países Africanos en el siglo XX. El mejor ejemplo es la República de Gambia, este país fue una colonia disputada entre franceses e ingleses, pero terminó bajo poder inglés debido al Rio Gambia donde se encontraban los barcos ingleses. Los límites fronterizos de la República de Gambia, se dice que eran la distancia hasta donde alcanzaban los cañones de los barcos ingleses, más a allá de los cañones era la colonia francesa, lo que hoy se conoce como Senegal.
A veces me pregunto por qué Chile  y Bolivia no fueron anexados como parte de Argentina o como parte de Perú en la Independencia. Esto corresponde a que Inglaterra hizo lo mismo que en muchos continentes, vale decir, crear países “innecesarios” como Estados Tapones para debilitar ciertas regiones o pueblos. Simón Bolívar tenía la intención de crear los Estados Unidos de Sudamérica o lo que él llamó la Gran Colombia, pero este proyecto no se llevó a cabo, quizás por la influencia de Inglaterra.
¿Afirmas entonces que los ingleses pusieron a Simón Bolívar como su hombre fuerte en el sur del continente americano?
Así lo creo. Con Estados Unidos, Inglaterra claramente vio un error de colonización, porque no debieron haber dejado para sus intereses que se unificara, debido a que la unión hace la fuerza. En cambio en Sudamérica dijeron: “vamos a dividir a los países con una táctica que viene del Imperio Romano”. De hecho, en Inglaterra se afirma muy a menudo que el Imperio Británico es de origen Romano, fue el Imperio Romano que se trasladó a Londinium o Londres como se conoce hoy en día.
¿Cómo llevó a cabo sus planes Inglaterra?
Antes de las ideas revolucionarias de Francisco de Miranda y la Independencia Americana, en Inglaterra existía el Plan Maitland, un plan propuesto por un británico, el cual tenía como objetivo “liberar” a las Américas de los españoles e instalarse ahí. El Plan Maitland hablaba de entrar al continente hispanoamericano con barcos por el río de La Plata, tomar Buenos Aires, pasarse por detrás de la cordillera, tomar Santiago y a partir de ahí expandir su influencia al resto del continente. Dicen que el movimiento independentista de San Martín y el Plan Maitland son un espejo, vale decir, son lo mismo.
Todos los caudillos como San Martín y O´Higgins estuvieron en Inglaterra y fueron adoctrinados por Miranda, lo que no es casualidad.
Entre los sudamericanos hay gente de origen vasco y continental en su mayoría, pero se dice que muchos discriminaban a Francisco de Miranda por su origen canario, proveniente de las islas africanas de España. Bolívar y San Martín se dice que no lo querían. Es más, puede que sólo lo hayan utilizado, teoría que igual podría aplicarse a Bolívar, de que se dice que ha muerto pobre. Pero el Plan Maitland es un punto clave. El escritor boliviano René Zavaleta Mercado dijo que Chile es un satélite privilegiado del Imperio Británico, como base militar británica, porque no hay razón de que Chile como país sudamericano no permita a Bolivia tener acceso al mar. Chile es el sexto país con más costa en el mundo, darle un pequeño pedazo de tierra a Bolivia no le afectaría en nada. Si me preguntan a mí cuándo Chile devolvería el mar, les respondería que cuando se termine la minería en la región en disputa, el Desierto de Atacama.
¿Cuál fue el rol de la familia Edwards en la Guerra del Pacífico?
Hay dos teorías, la de un pirata que llega y se casa con una mujer chilena prominente de origen español, tras lo cual crea su imperio poco a poco. La otra teoría es que es un doctor o incluso alguien de origen más humilde con un oficio cualquiera. En todo caso nunca llegaba gente de la monarquía británica, sino que quienes buscaban forjarse un mejor futuro. Lo que me llama la atención es que Edwards compra el periódico El Mercurio de Valparaíso cuatro años antes de la Guerra del Pacífico. Es muy importante controlar los medios de comunicación en el arte de la guerra. Hay un fragmento del periódico el Mercurio en los archivos de la Casa Gibbs en Londres, que dice: “Espíritus ligeros han creído ver en la compañía la causa eficiente de esta guerra, pero no fijan la atención que la causa verdadera de esta guerra es un conflicto internacional iniciado entre dos naciones”. Toda esa información fue tergiversada, si le das la vuelta a las afirmaciones del Mercurio, te acercas a la verdad. Lo que quieren es decirte algo así como que el tonto es el que cree que la compañía ha causado la guerra, mientras que el inteligente sabe que es una guerra entre Perú-Bolivia y Chile. Fue con este tipo de información que la verdad sobre esa guerra fue volviéndose más misteriosa.
Además hay muchos documentos que prueban que el Banco Edwards es una subsidiaria del Banco de Inglaterra. La diferencia de Chile con muchos otros países sudamericanos es que los primeros bancos de Bolivia, Brasil, México y Perú, siempre eran bancos con nombres como “Banco de Bolivia y Londres”, “Banco de Lima y Londres”, “Banco de México y Londres”, mientras que en Chile el banco simplemente se llamaba Banco Edwards, algo que era obviamente un banco de gente ligada a Inglaterra. Para la Guerra del Pacífico el Banco Edwards y el Banco Central de Chile que estaba dirigido en ese tiempo por un señor inglés que no recuerdo muy bien su nombre. Entonces, todos los bancos de Sudamérica estaban en poder de los ingleses. Otra cosa que coincide con los intereses de la familia Edwards, es que el Banco Nacional de Bolivia es fundado el mismo año en que estalló la Guerra del Pacífico, y entre los fundadores figura Edwards, y uno debe preguntarse ¿cómo es que un chileno va a fundar el banco boliviano en ese momento específico? Los que fundan el banco son los chilenos Edwards, Concha y Toro, junto a otros bolivianos.
¿Qué rol jugaron los Ross?
Hay algo que me llama mucho la atención sobre esa familia, a pesar de que no encontré mucha información al respecto. La persona que supuestamente habría asesinado al Presidente Hilarión Daza se apellidaba Ross. Para mí, uno de los verdaderos héroes de la Guerra del Pacífico era justamente el Presidente boliviano Hilarión Daza, a quién la oligarquía boliviana lo hizo escapar vergonzosamente, lo humilló cuando trato de regresar a Bolivia después de 15 años en el exilio en Paris. Según algunos historiadores bolivianos, un borracho le disparó a Daza en Uyuni, justamente en la Avenida Arce, paralela a la Avenida Simón Bolívar, paralela a la Avenida Abaroa, y bueno… este borracho resultó ser de apellido Ross. En Bolivia no hay apellidos británicos por todas partes, por eso es mucha coincidencia que un Ross lo haya matado, al que no le hicieron ningún juicio porque era un borracho.
Hablemos más de la figura de Hilarión Daza
Es increíble ver los manuscritos de esa guerra. Por ejemplo las cartas del representante de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, el señor  George Hicks, este señor no estaba muy contento con los bolivianos en las costas, siempre fue muy despectivo con los bolivianos, por ejemplo hay una carta que dice“los bolivianos se están creyendo muy gallitos, pero con esta acción se darán cuenta que no pueden molestar a un súbdito de la reina, y con esto también los chilenos se darán cuenta de que les conviene tener a los ingleses de su lado”. Hicks también declaró que:“se espera que Chile utilice esta oportunidad (el impuesto de los 10 centavos que erróneamente sacó Daza) para adueñarse de esta costa que está plagada de bolivianos”, como si los bolivianos fuesen una plaga.
Días después, el 1 de febrero de 1879, un mes antes de la Guerra, Daza escribió a la autoridad de Bolivia en Antofagasta diciendo: “He fregado a los gringos”, porque en ese tiempo los gringos no eran los yankees, sino los ingleses, tengo muchos documentos que comprueban eso. Daza se refería al impuesto de los 10 centavos como una forma de reivindicar las salitreras. Quizás Daza sabía lo que iba a pasar, no estoy seguro. Pero yo veo esto como un conflicto entre empresas, aunque mucha gente lo ve como una pobre guerra entre Chile y Perú- Bolivia. Es una guerra entre transnacionales en Sudamérica.
Las empresas ya desde entonces estaban sobre los países
Lo complicado aquí es darse cuenta de eso al estudiar la Guerra del Pacífico, porque muchas empresas son británicas, pero también está la empresa francesa Dreyfus que en práctica era casi dueña del Perú, o es lo que afirman algunos historiadores. Dreyfus incluso propuso pagar al Perú toda su deuda externa. También estaba la Casa Grace, la compañía que vendió armas a Chile y a Perú durante la guerra de 1879, hicieron mucha fortuna en este último país, de hecho el dueño de la Casa Grace, William Russel Grace fue apodado como rey del Perú, y este  señor viene y se hace fortuna con sus barcos también, llevando mercadería, guano, madera, azúcar, y muchas cosas más.
El centro del poder en Bolivia está en la calle Yanacocha y Mercado. En esa esquina está el Banco Central, la Vicepresidencia, la Iglesia y el banco de Simón Patiño que ahora se llama Banco Mercantil Santa Cruz. Esa esquina es muy poderosa, y es la misma esquina donde estaba ubicada la Casa Grace, la misma casa que sobrepasó a Dreyfuss y Gibbs en Sudamérica.
¿Cuál es el rol de John Thomas North en la Guerra?
La historia dice que llegó a Chile con muy poco dinero, con tres libras esterlinas en los bolsillos, como ingeniero de las máquinas de las salitreras y que después se fue metiendo en el negocio. El momento cuando prospera es cuando Inglaterra le propone a Bolivia fundar Tarapacá Waters, una compañía para manejar el aprovisionamiento de agua para la región de Atacama que en ese entonces era boliviana. Así de este modo, los ingleses le venden esta compañía a Bolivia unos dos años antes de la guerra, sabiendo que de eso se iba a adueñar Chile. Entonces durante la Guerra, Chile entra en Tarapacá, toma la empresa de agua y nombra como presidente de ésta a John Thomas North. Luego, este hombre, cuando Chile invade Perú, aprovechando que todos los peruanos querían escapar, viaja a Perú y compró las salitreras a “precio de gallina muerta”. Termina la guerra y las salitreras suben de precio nuevamente. Él se hace millonario y además las salitreras están aprovisionadas de agua por la compañía de la cual el mismo era presidente. De acuerdo a muchos historiadores, el que más ganó en la guerra del Pacífico fue John Thomas North, yo he visto su casa en Inglaterra que ahora es la biblioteca de la Universidad de Greenwich. Al ingreso de esta biblioteca hay una puerta de una iglesia del Perú que los chilenos habían saqueado para los ingleses. Esa mansión había sido antes de otra persona pero él la compró y la refaccionó con madera sudamericana. Y bueno, después de la Guerra fue uno de los hombres más con más importantes negocios en Inglaterra, tanto así que era un hombre fuerte en la Bolsa de Valores de la City de Londres. Fundó una empresa de cemento en Bélgica, varias empresas en Francia, otras de exploración de oro en Australia, de diamantes en el Congo y abre centros de caridad en Inglaterra entre otras cosas que no recuerdo en este momento.
¿Quién fue el responsable de que los bolivianos aumentaran los 10 centavos que iniciaron la Guerra?
Es un ministro, un asesor del Presidente Daza quien lo propone. No había influencia inglesa directa en esta decisión. La única es de los bolivianos chilenófilos que estaban apoyando a Chile, que a su vez apoyaban a Inglaterra. Pienso que no hubiera habido conflicto si Bolivia hubiese sido como Chile, un país en muy buenas relaciones con Inglaterra. Bolivia no tiene muchos contactos con Inglaterra, son reiteradas las veces en las que las autoridades inglesas son botadas por las bolivianas. Empieza con el Tata Belzú. Belzú bota a los ingleses, rompe las relaciones bilaterales con Inglaterra. Luego viene el presidente Morales que también tuvo algunos roce con Inglaterra, luego Melgarejo con la anécdota que más se cuenta en relaciones internacionales boliviano-británicas. Se dice que Melgarejo le ofreció chicha al diplomático inglés residente en Bolivia y que éste le respondió que no tomaba chicha, pero que le gustaría tomar chocolate. Entonces Melgarejo le hizo beber un balde entero de chocolate, le quitó la ropa y lo amarró a un burro para que lo llevara a la costa y lo despachara a Londres. Esta historia la cuentan los ingleses y los bolivianos pero no hay pruebas al respecto.
Se rumorea que Eduardo Abaroa, el héroe nacional de Bolivia, no es boliviano, sino chileno. ¿Qué hay de verdad en ello?
No hay pruebas contundentes, solo especulación. Hay que cuestionarse por qué Abaroa es tan bien visto por los historiadores chilenos, mientras que Hilarión Daza, a mí parecer el héroe boliviano, es mostrado por Benjamín Vicuña Mackenna (historiador chileno) como un dictador que se dio a la fuga, como un monstruo, el más grande traidor de Bolivia. Mientras que Vicuña Mackenna describe a Abaroa como un hombre de buena estatura, rubio, de ojos azules, bien parado, hombre de buena fe. ¿Qué gana Vicuña Mackenna al desprestigiar a Daza y al hablar bien de Abaroa? Al final de cuentas son personajes de la historia boliviana, no chilena. Además Vicuña Mackenna es conocido por ser un ferviente nacionalista, es raro que hable bien del héroe boliviano, cuando lo lógico sería que lo detestara, ¿no?
En esa época si tú lees los periódicos británicos sobre el conflicto entre bolivianos y chilenos no tiene nada que ver con los ingleses en cuanto a la clase mestiza y criolla. Sino que se fomenta la guerra al decir que los chilenos eran vascos y los bolivianos del sur de España, por lo cual se decía que los chilenos eran más trabajadores por el hecho de venir de una región del norte de la península, más fría, más pobre, donde la gente debe ser más laboriosa. Por lo mismo llegan más pobres a Chile y deben esforzarse más, mientras que los españoles que llegan a Bolivia se dice que son más “flojitos”. Entonces tenemos que Abaroa es de origen vasco y que si bien está en una región que era boliviana en ese tiempo, él estaba ubicado más cerca de los centros vitales chilenos que de los bolivianos. Además,  en esa época no se definían muy bien las fronteras, de dónde eran las personas. Y además Abaroa nunca fue ayudado por Bolivia, si alguien lo ayudó de alguna forma en sus negocios fueron los comerciantes, los mercaderes del mar, él tal vez tenía mejor relación con la gente que navegaba que con la gente del altiplano. Si uno revisa sus cartas, va a darse cuenta que Abaroa tenía más relación con los extranjeros de la costa que con los mismos bolivianos. O sea, Abaroa no tiene por qué defender a Bolivia. Otra cosa es que lo matan los chilenos y los chilenos lo entierran rindiéndole honores, lo cual no es lógico. El otro tema es que un hombre adinerado o de la aristocracia no va a la guerra, a la guerra van la gente de clases bajas, o en ese entonces los indígenas, los rotos, la gente pobre.
¿Dices que probablemente Simón Bolívar nunca fue a la guerra?
Un historiador inglés experto en Bolívar, Matthew Brown, describe a Bolivar como un hombre de baja estatura, muy delgado, con problemas de espalda. Entonces Brown pregunta ¿Cómo puede bajar en caballo desde Colombia hasta Bolivia? Es algo muy dudoso. Entonces simplemente se crean héroes de gente que posiblemente estuvo sentada todo el tiempo.
¿Qué te parece que el Gobierno boliviano culpe enteramente a Chile de la Guerra del Pacífico?
Es una pena porque Chile igual ha salido perdiendo de la guerra. Enrique Amayo, un historiador peruano cuestiona si la guerra fue una victoria para Chile o para la reina Victoria. Por ejemplo, vemos después la Guerra Civil en Chile entre el presidente Balmaceda y John Thomas North. Balmaceda es el Daza chileno. Daza quería nacionalizar el salitre para los bolivianos y Balmaceda para los chilenos. Lo que hace este último es bajar los precios de los terrenos de la región de Atacama y concede préstamos a los empresarios chilenos para que los compren, así, de este modo los ingleses no pueden explotar esos suelos porque ya son propiedad privada. Entonces Balmaceda va a esos lugares y comienza su revolución. Entonces Thomas North hace una fiesta para la oligarquía chilena de 10 mil libras con regalos, poniéndolos en contra de Balmaceda. Se reúnen tres veces Balmaceda y North. Finalmente Balmaceda se suicida.
Continuará…
Fuente: El Ciudadano (www.elciudadano.cl)

miércoles, 22 de abril de 2015

ULTIMA ENTREVISTA CON EL MARISCAL A. A. CÁCERES EN 1921

Andrés Avelino Cáceres y su última entrevista tras la Guerra con Chile
Martes, 21 de Abril 2015   
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Andrés Avelino Cáceres, héroe e ideólogo de la campaña de la Breña en el episodio clave y más doloroso de nuestra historia, la Guerra con Chile, brindó en 1921 su última entrevista donde habló de todo; anécdotas exquisitas de la gesta en los andes y un resumen de su vida política que lo llevó a ser presidente del Perú en dos oportunidades. Andrés Avelino Cáceres, héroe indiscutible y vencedor en Tarapacá dijo en su última entrevista en 1921 que el Perú pudo haber ganado la Guerra con Chile. Aquí las razones que esbozó.
Cáceres afirmó que el Perú pudo haber ganado la Guerra con Chile sin problemas y pese a la superioridad bélica del país sureño, sin embargo, hubo una razón fundamental por la que esto no se pudo conseguir. Una entrevista imperdible que le brindó al diario La Crónica el 27 de noviembre de 1921 por el 42 aniversario de la batalla de Tarapacá.
Aquí transcribimos la entrevista completa, rescatada por PortalPerú.
Mariscal, en el aniversario de la victoria de Tarapacá, demandamos de usted, el relato vívido de esa gloriosa acción.
Se anima el rostro venerable del anciano guerrero. Un relámpago encandila sus pupilas y alisándose, nerviosamente, las albas barbas puntiagudas, nos dice: Recuerdo la batalla, con absoluta precisión, y voy a relatársela, como si acabara de realizarse.
Y empieza el relato con voz emocionada:
Me encontraba yo, con mi división, en una de las calles de Tarapacá, tomado un rancho frugal, antes de emprender, con todo el Ejército y como lo habían hecho ya las tropas del general Dávila, la retirada hacia Arica, después del desastre de San Francisco, cuando mi ayudante que había distinguido al enemigo en la cresta de los cerros situados al Oeste de la ciudad, llegó corriendo a avisármelo. Al recibir esta inesperada noticia, estaba comiendo. Solté la pequeña cacerola que contenía mi ración, y procediendo con impetuosa actividad, ordené a mi división que se lanzara con la bayoneta calada, cerro arriba, para desalojar al enemigo.
Procedí rápidamente a dividir mis tropas en tres columnas: la primera y la segunda compañías formaban la de la derecha, que puse al mando del comandante Zubiaga, valiente y experto jefe; la del centro la constituyeron la quinta y sexta compañías, mandadas por el mayor Pardo Figueroa, distinguido jefe, también, y la de la izquierda quedó formada por la tercera y cuarta compañías que confié al mayor Arguedas.
Advertí a mis tropas que evitaran hacer fuego, mientras no hubieran alcanzado la cumbre, para economizar las municiones, que, por desgracia, eran muy escasas. Al coronel Recavarren, Jefe de Estado Mayor, le envié en comisión donde el coronel Manuel Suárez, que tenía el mando del batallón Dos de Mayo, para que hiciera, con sus fuerzas, igual distribución a las del Zepita, y se colocara a mi izquierda.
A poco, ya cuando mis bravos soldados se habían lanzado al combate, llenos de entusiasmo y de ardor bélico, el coronel Belisario Suárez toma sus disposiciones y los coroneles Bolognesi, Ríos y Castañón, se sitúan en sus respectivos emplazamientos.
El Zepita escala el cerro por el lado Oeste, con empuje irresistible desafiando los tiros que el enemigo descarga sin descanso sobre ellos. Se despliegan en guerrilla y sin detenerse, disparan incesantemente, a ciento cincuenta metros del enemigo, que cede al empuje de los nuestros. La columna Zubiaga, se lanza a la bayoneta sobre la artillería chilena y, audazmente, se apodera de cuatro cañones. Las columnas de Pardo Figueroa y de Arguedas, despedazan, entre tanto, a la infantería enemiga.
Perdón, Mariscal, en ese asalto, ¿qué acción notable de arrojo, de sus soldados, recuerda usted?
No puedo olvidarme del heroísmo del Alférez Ureta, de la compañía primera de la columna derecha, que inflamado por un ardiente entusiasmo patriótico y un coraje a toda prueba, se montó sobre un cañón chileno, lanzando estruendosos vivas a la patria. Tampoco me olvidaré nunca de un acto meritísimo del comandante José María Meléndez, veterano de la Columna Naval, uno de los primeros en unírseme en el asalto al enemigo.
Cuando derrotados los chilenos y cansados nosotros de perseguirlos infructuosamente, por falta de caballería; desfallecíamos de sed y de hambre, al extremo de que me vi obligado a humedecer los labios de algunos de mis soldados con pequeñas rodajas de un limón, que por fortuna llevaba en uno de mis bolsillos de mi casaca; el comandante Meléndez se presentó de repente y sin que yo pudiera explicarme su procedencia, cargando un barril de agua que aplacó la sed de esos valientes. Y como éste, tantos otros episodios de coraje y de entusiasmo.
Y destrozada la infantería y despojados los chilenos de su artillería, ¿qué pasó?
El enemigo así castigado en ese primer combate por los nuestros, huyó a la desbandada, pampa abajo, perseguido de cerca por los nuestros y acampó a una legua de distancia hasta juntarse con otro cuerpo chileno que vení­a a reforzarlos. Entretanto, mi caballo habí­a sido herido de un balazo y hube de detenerme, a mitad de jornada. Un oficial que habí­a encontrado una mula de un regimiento chileno, me la trajo y montado en ella, pude seguir la persecución.
Después de tres horas de refriega, tuvimos que contramarchar hasta el sitio donde había tenido lugar el primer ataque, porque mis tropas estaban rendidas por la fatiga de la acción. El general en Jefe Buendía me dio su enhorabuena por el éxito alcanzado por mi división. Pero en medio de la alegría del triunfo, hube deplorar profundamente la muerte de mis mejores tenientes: Zubiaga, Pardo Figueroa, mi propio hermano Juan… también rindieron la vida en el primer encuentro.
¿Y el segundo encuentro?
Reforzada mi división con el batallón Iquique que mandaba el inmortal Alfonso Ugarte, la Columna Naval de Meléndez, un piquete del batallón Gendarmes que mandaba Morey, una compañía del batallón Ayacucho con Somocurcio a la cabeza, una hora después se reanudaba la lucha en plena pampa hacia el SO de Tarapacá.
Primero se realiza un vivo combate de fusilería sostenido por ambas partes, con empeño. El enemigo es arrollado cinco veces, rehaciéndose, luego otras tantas. Entonces envolviendo el ala y el flanco izquierdo chileno que manda Arteaga, con mis tropas lo obligué a retirarse hacia el sur. El batallón Iquique llega a tiempo para rechazar a los granaderos chilenos que habían sorprendido al Loa y al Navales.
Sin embargo, antes, Arteaga trata de rehacerse en vano y nosotros cargamos otra vez con irresistible denuedo. En momentos que la victoria se decidía ya por nuestras armas, llegó Dávila con su división al trote (habí­an recorrido 12 kms. desde Huarasiña) y muy cerca del flanco chileno, aún jadeantes, le hace repetidas descargas de fusilería. Entonces yo aproveché para dar el definitivo ataque por el centro, que decidió la derrota de los chilenos que abandonaron el campo, dejando tras de sí sus 6 últimas piezas de artillerí­a Krupp, entonces la más moderna del mundo. Fue en ese momento –prosigue entusiasmado el Mariscal- cuando llamé al Capitán Carrera y, entregándole uno de esto cañones, le dije: “artillero sin cañones, ahí tiene Ud. una pieza para actuar”. Y a fe mía que supo hacerlo, disparando sobre la retaguardia enemiga que huía.
Eran las cinco de la tarde. La batalla había terminado después de nueve horas de reñida lucha. Sobre el campo quedaron muchísimos de mis bravos soldados junto con centenares de enemigos
Pero, le he relatado solamente la parte que me tocó desempeñar a mí, en la altura. Sin embargo Uds. deben saber que en la quebrada, Bolognesi, Castañón, Dávila y Herrera se batieron con ardor.
Fue un soldado de Bolognesi, Mariano de los Santos, quien se apoderó de un estandarte chileno. El enemigo es arrojado por esa parte hasta Huarasiña, después de vigorosos encuentros y ahí se reúne con los restos de la división Arteaga, que nosotros habíamos arrollado.
Al mismo tiempo, todo nuestro ejército se concentra, y reunidas todas las fuerzas perseguimos a los chilenos hasta más allá del cerro de Minta. Ya les he dicho que fue imposible barrerlos, como hubiéramos querido, porque la fatalidad que siempre nos acompañó en la guerra, quiso que no tuviéramos caballería. Y así, la victoria fue infructuosa, pues después de ella faltos de víveres y de refuerzos, hubimos de continuar nuestra retirada a Arica.
¿Cómo fue la batalla de San Francisco? 
Doloroso es el recuerdo: la falta de previsión, el espionaje chileno, la defección de Daza y su famoso cable: “Desierto abruma, ejército niégase seguir adelante”, el asalto frustrado, la muerte del Comandante Espinar al pie de los cañones chilenos, la catastrófica retirada nocturna…
¿Cuál fue la causa decisiva de la perdida de la guerra? 
La falta de organización militar y autonomí­a bélica, particularmente en municiones. Eso en cuanto al aspecto técnico, pero más allá, la discriminación racial fue determinante. No hubo armonía cultural ni polí­tica. La falta de organización militar, de cohesión, de armonía política.
Había patriotismo, había entusiasmo generoso, había valor y virtudes militares en nuestros soldados y en nuestros oficiales, pero también hubo mucha traición en los sectores pudientes.
¿Y en nuestros generales? 
También. Hubo demasiados generales, cuyos conocimientos y aptitudes no pudieron destacarse en la contienda, por falta de disposición de un comando totalmente politizado.
¿Pero, usted cree, que, sin esos defectos y deficiencias, hubiésemos podido ganar la guerra?
Con toda la superioridad numérica y armamentí­stica del ejército chileno, creo, firmemente que sí­. La desunión, el desatino, la ambición polí­tica y la carencia de identidad en los sectores acomodados nos perdieron.
¿Cuándo comenzó su carrera?
En 1854, acababa de estallar la revolución contra Echenique, provocada por los escándalos de la corrupción del guano. De todos los rincones del paí­s, se sumaban las adhesiones. En Ayacucho, mi tierra natal, don Ángel Cavero, uno de los vecinos del lugar, encabezó el movimiento rodeado de simpatí­a popular. Muchos jóvenes nos presentamos voluntarios a filas. Yo contaba 19 años, estudiaba en la universidad de Huamanga y era de los más entusiastas. Nos apoderamos de la gendarmerí­a. Luego llegó el ejército rebelde, en donde terminé de enrolarme. Entonces el general Castilla, a quien sin duda caí­ en gracia, me llamó a su despacho y me dijo: “¿Quiéres seguir la carrera?”, “Sí­, señor, es mi mayor deseo”, le contesté con aplomo. Entonces, me respondió, palmeándome la espalda, “serás un buen guerrero”.
¿Y el mariscal Castilla, cómo le trató a Ud.? 
Castilla, que me conoció desde la batalla de La Palma, me dispensó simpatí­a y apoyo. Tanto, que varias veces soportó mis engreimientos. Y eso que una vez me le sublevé.
¿Le hizo la “revolución”?
He querido decir que tuve un rapto de altivez. Fue cuando el Mariscal quiso formar el batallón “Marina”. Llamó a palacio a los oficiales escogidos de los distintos regimientos. Yo fui destacado del Ayacucho. Ya me habí­a conocido en La Palma y después en la campaña de Arequipa contra Vivanco. Pues bien, Castilla revistó uno a uno a todos los oficiales congregados y al llegar a mí, se detuvo observándome y me dijo: “¿Cómo se Ilama Ud. capitán?”. Me impresionó desfavorablemente el olvido que el mariscal habí­a hecho de mi nombre y le contesté: “Soy, excelentí­simo señor, el hijo de don Domingo Cáceres, cuya hacienda fue destruida por el general Vivanco, por haber sido leal a Ud. Estuve en la batalla de Arequipa, donde fui herido casi perdiendo un ojo; me llamo Andrés Avelino Cáceres”. “Hola, hola”, replicó el mariscal: “Con que Ud. es el capitán Cáceres, hijo de mi amigo don Domingo. Bueno, bueno, Ud. se quedará en su cuerpo”. Y me quedé en mi batallón Ayacucho, en el cual me habí­a iniciado y en el cual continué hasta que fui a Francia, como agregado militar.
Su cicatriz en la cara, Mariscal… 
Esta “condecoración” la recibí­ en la torna de Arequipa, en 1856. El Mariscal Castilla que habí­a acampado en las afueras, llevó a cabo, por varias noches, simulacros de ataque, que tení­an al enemigo en sobresalto. La noche que decidió darlo por cierto, me ordenó que avanzara con mi compañía y me apoderara de la 1ra. trinchera enemiga. Sin vacilar, ejecuté esa orden y sorprendiendo a los ocupantes, logré capturar la trinchera, regresando a dar parte al mariscal de mi cometido.
Entonces, Castilla me mandó: “siga Ud. avanzando sobre la ciudad, tomando las alturas hasta los conventos de San Pedro y Santa Rosa”.
Y, aunque pensaba que era una crueldad enviarme así­ al sacrificio, no dudé, y deslizándome por los techos fui avanzando hasta el primero de los conventos. No sé cómo logré saltar los innumerables obstáculos hasta de repente hallarme dentro de la bóveda, próxima a la torre. Por el camino había perdido a muchos soldados, muertos por descargas vivanquistas. Desde la torre de Santa Rosa, el fuego que se hací­a sobre nosotros era incesante.
Pero, los 2 cuerpos que formaban la 1ra. división del Mariscal Castilla habían desembocado por calles paralelas al convento y así­ cayeron sobre el atrio y el interior, obligando a los enemigos a abandonarla. Entretanto yo subí­a, con los mí­os, hasta la torre y ahí­ tuve que soportar el fuego desde la torre fronteriza de Santa Marta. Mientras, Castilla había penetrado al convento por otro lado. El coronel Beingolea, subió a la torre, creyéndola vací­a y se dio de bruces conmigo y mis soldados. Calcule Ud. la sorpresa de ambos, a punto de acribillarnos mutuamente. “Acabamos de tomar el convento”, me dijo; “Mi coronel: ya la habí­a tomado yo”, contesté. El coronel me abrazó y me anunció que harí­a conocer a Castilla esa hazaña. “Está ahí­ abajo, con todo el Ejército”, y se fue.
Yo continué haciendo frente al fuego de los de Santa Marta, y mostrando a mis soldados el blanco hacia el que debí­an disparar, un balazo me derribó cegándome. Me recogieron mis soldados y me bajaron al refectorio del convento, en donde el sargento Coayla y el cabo Huamaní­, me atendieron. Estuve privado del conocimiento. Cuando lo recobré hallé a mi lado al capitán Norris, uno de mis mejores compañeros, que me preguntaba qué deseaba. “Agua, muero de sed”, contesté. Al poco rato regresó con un plato de mermelada y una garrafa de agua. El dulce no me era necesario, ni podrí­a ingerirlo. Tení­a la mandí­bula apretada. Apenas una pequeña ranura dejaba pasar el agua. Bebí­, desesperado, parte del contenido de la garrafa y el resto hice que me lo vaciaran en la cara, para que me lavara la herida, casi desfallecido.
El médico dijo que la herida era mortal. El capellán estuvo a punto de darme la extremaunción… Entonces mis soldados me trasladaron a casa de una señora de apellido Berrnúdez, porque el tifus infectaba a los heridos en el convento y me hubiera terminado de matar. En mi nuevo alojamiento me trató el doctor Padilla, extrayéndome la bala a exigencia de mi tropa. Ellos me salvaron la vida.
¿Y cómo fue su convalecencia? 
Recuerdo que las madres del convento que me habí­an tomado afecto, me enviaban allí­ la dieta. ¡Qué tortas! ¡qué dulces! Y aquí­ viene lo curioso: una vez convaleciente, iba a almorzar al convento y la madre superiora, muy seria, me habló un dí­a así­: «Teniente, usted ha renacido en este convento, verdad?”, “sin duda, reverenda; de aquí­ me recogieron casi cadáver y aquí­ me comenzaron a curar, a Ud. debo cuidados que no sabrí­a cómo agradecer”. “¿Y por qué no deja Ud. la carrera y se hace fraile?” Casi me caigo de espaldas de la impresión. Tuve que contener la risa: “¡Yo fraile, madre! No soy digno de vestir los hábitos…”.
Hube de apelar a todos mis recursos oratorios para hacer desistir a la madre. La pobre sufrió un desencanto. ¡Ya me veía con cabeza rapada, capuchón y sotana!
Mariscal, ¿cuál ha sido la época más feliz de su vida? 
Los mejores dí­as de mi vida, durante mi juventud, por supuesto fueron los pasados en Arica, cuando estuvimos de guarnición, antes de la toma de Arequipa. Tuve gran partido entre las muchachas ¡me divertí­ mucho!
¿Mariscal, y el recuerdo más satisfactorio de su vida militar?
La campaña de La Breña, es, la página más honrosa de mi vida militar. No vacilo en proclamarlo yo mismo. Me enorgullezco de ella. Tengo muy presentes y me acompañarán hasta la tumba, todos los entusiasmos, todas las satisfacciones, todas las decepciones, y amarguras también, que experimenté durante esos tres años de constante batallar. Todos los que se agruparon a mí, para continuar la campaña y arrojar al odiado enemigo del país, aún después de los desastres de San Juan y Miraflores y la toma de Lima, rehuyeron ayudarme… Ambiciones, rencillas, pequeñas pasiones, todo se coaligó contra mí, que defendía la patria, cuando todos la dejaban abandonada al infortunio, el recuerdo de mis soldados y guerrilleros, el pueblo en armas, marchando entre punas y quebradas, airosos y bravíos, ellos fueron los grandes héroes anónimos que algún dí­a la historia reivindicará.
¿Cierto que el Kaiser, reconoció en Ud. al vencedor de Tarapacá? 
Claro. Fui a la audiencia que pedí­a en mi carácter de ministro del Perú y el Káiser avanzó hasta alargarme la mano: “Tengo el gusto de estrechar la mano al vencedor de Tarapacá, esa gran batalla ganada después del desastre de San Francisco”. El Rey de España cuando me conoció, me dijo: “Se conoce que Ud. ha combatido siempre de frente, general”. Aludí­a a la cicatriz que llevó en el rostro. Y el de Italia: “Celebro mucho conocer al general que tantas glorias ha dado a su paí­s”.

Fuente : RPP noticias
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"Dios nos ampare y la
Virgen reina nos libre de 
los traidores".


miércoles, 8 de abril de 2015

LA MILAGROSA BATALLA DE OTUMBA : 100 mil aztecas contra 400 españoles y el Apóstol Santiago


Fray Bernardino de Sahagún asegura en sus textos que cuando Cortés contempló las hordas de enemigos clamó que «los españoles entre tanto escuadrón indígena eran como una islita en el mar». Una leyenda fantasiosa ubica al patrón de España junto a los jinetes que dirigió el conquistador extremeño

En la llamada Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir desordenadamente de la capital azteca, Tenochtitlán, acosados por los aztecas, que les provocaron centenares de bajas y la mayor derrota de la Monarquía hispánica en sus primeros 50 años de conquista. Lejos de la malintencionada imagen de desbandada española –aparentemente provocada por la codicia de los conquistadores, más preocupados por recoger su oro que por salvar su vida– la Noche Triste fue pródiga en acciones heroicas y fue el prólogo de la batalla, una de las más desproporcionadas de la historia, que selló el destino del Imperio azteca.
Hernán Cortés, un hidalgo extremeño enviado a explorar la actual zona de México, aprovechó el odio de los pueblos dominados por el Imperio azteca para incrementar notablemente sus escasas tropas y avanzar en dirección a la capital mexica. Tras ser recibido de forma pacífica porMoctezuma II, el máximo líder azteca, el largo y tenso periodo que los españoles pasaron en Tenochtitlán, sin que pareciera que tuvieran intención de marcharse, terminó levantando al pueblo contra los conquistadores justo cuando Hernán Cortés regresaba de enfrentarse a una expedición arrojada por el gobernador Velázquez para obligarle a volver a Cuba. La noche se tiñó de sangre cuando los aztecas se abalanzaron sobre el convoy de carros que los españoles y sus aliados tlaxcaltecas formaban durante su huida de la ciudad.
ABC
Retrato de Hernán Cortés
600 españoles y cerca de 900 tlaxcaltecas fallecieron durante la huida o bien fueron apresados para satisfacer la interminable sed de sacrificios humanos de los aztecas. La mayor parte de los caballos murieron –solo veinte caballos quedaron con vida– todos los cañones se perdieron y los arcabuces quedaron arruinados con la pólvora mojada. Frente a la tragedia, el cronista Bernal Díaz afirma que a Cortés «se le soltaron las lágrimas de los ojos al ver como venían». Durante seis días el ejército español marchó sin rumbo fijo con las huestes aztecas a su espalda. No obstante, la fortuna fue propicia para los españoles, puesto que los aztecas se entretuvieron festejando la victoria y conduciendo a los prisioneros hacia los altares con parsimoniosa ceremonia, ofreciendo sus corazones a los dioses y devorando sus cuerpos.

La caballería europea marca la diferencia

El conquistador extremeño no desaprovechó el error de los aztecas, que estimaban que los españoles estaban completamente derrotados, y reorganizó sus escasas fuerzas buscando un terreno favorable. Cortés y sus capitanes, entre ellos Alvarado, Gonzalo de Sandoval,Cristóbal de Olid y Juan de Salamanca, se plantearon como objetivo llegar a Tlaxcala, donde podrían reponer fuerzas y preparar mejor un contraataque si se veían acorralados. Para ello eligieron bordear el lago Texcoco por el norte. Hostigados por los aztecas y por el hambre, la marcha de los españoles dejó a sus espaldas nuevas bajas.
El sábado 7 de julio de 1520, la huida ya no fue una opción. Un gran contingente de guerreros mexicas y sus aliados de Tlalnepantla, Cuautitlán,Tenayuca, Otumba y Cuautlalpan alcanzaron a los españoles en los llanos de Temalcatitlan. La cifra de aztecas allí congregado es todavía hoy un tema de controversia, siendo posible que hubiera reunidos cerca de 100.000 guerreros (los primeros historiadores en estudiar la batalla calcularon 200.000), frente a unos 400 españoles y 3.000 indígenas aliados. Lo único irrefutable es la sensación de absoluta desproporción que provocó la visión del ejército azteca a Hernán Cortés. Fray Bernardino de Sahagún asegura en sus textos que cuando el conquistador contempló las hordas de enemigos clamó que «los españoles entre tanto escuadrón indígena eran como una islita en el mar. La pequeña hueste parecía una goleta combatida por las olas».
En la primera línea enemigas se situaron las cofradías militares del Jaguar y del Águila, fácilmente identificables por sus trajes a imitación de estos depredadores, y la nobleza azteca encabezada por Matlatzincatzin, el cihuacóatl (jefe militar), que veía en la contienda una forma de borrar de una vez a los españoles. Por su parte, los escasos cuatrocientos españoles formaron en una disposición típica en ese momento en Europa: los piqueros se colocaron tras los rodeleros,mientras los ballesteros formaban en los flancos dispuestos a cubrir a sus compañeros junto a los pocos afortunados que portaban arcabuces. Cortés contaba con dos únicas ventajas para enfrentarse a la oleada de enemigos: un pequeño grupo de jinetes capaces de marcar la diferencia con sus cargas al estilo táctico europeo y la escalofriante garantía de que los aztecas buscarían apresar vivos a todos y cada uno de los conquistadores para usarlos en sus rituales. Aquella garantía sirvió de excusa para aguantar hasta las últimas consecuencias.
Finalmente, fueron los jinetes castellanos encabezados por el propio Cortés los primeros en arremeter contra la marea, sorprendiendo a los aztecas. La fuerza de la galopada les introdujo en mitad del ejército enemigo antes de retroceder ordenadamente. El extremeño y su caballería repitió este movimiento, carga y huida, una y otra vez, mientras la infantería española recibía las primeras acometidas furiosas. María de Estrada, una de las pocas mujeres españolas que participó en la conquista de México, peleó junto a la infantería con una lanza en la mano «como si fuese uno de los hombres más valerosos del mundo».

Una carga al grito de «Santiago y cierra España»

Pese a las exitosas incursiones de la caballería, la desproporción de fuerzas causó que la infantería formada por españoles y tlaxcaltecas comenzara a retroceder lentamente. De hecho, el flanco protegido por los tlaxcaltecas estaba a punto de derrumbarse completamente cuando Hernán Cortés dispuso un plan para salir con vida de aquella encrucijada. Tras pasar varios meses en la corte de Moctezuma, el extremeño sabía que en Mesoamérica la muerte del general, e incluso la captura del estandarte del enemigo, se consideraba el fin del combate. También conocía el importante papel que estaba jugando Matlatzincatzin en aquella batalla, quien, bajo un enorme estandarte negro con una cruz blanca sobre fondo rojo, era fácilmente distinguible desde la posición española. Así, al grito de «Santiago y cierra España», Cortés se abrió pasó junto a cinco jinetes (Pedro de Alvarado, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid, Rodrigo de Sandoval y Juan de Salamanca) en dirección al jefe militar azteca. Según una leyenda fantasiosa que surgió poco después de la batalla, el Apóstol Santiago, patrón de España, también secundó a caballo la carga casi suicida, como se cuenta que había hecho en varias contiendas contra los musulmanes en la Península Ibérica.
ABC
Representación de la batalla de Otumba en el Lienzo de Tlaxcala
Antes de que la infantería pudiera detener la carga, los jinetes alcanzaron el estado mayor azteca y a Matlatzincatzin. El cihuacóatl vestía un traje de negro de pies a cabeza, con enormes garras en sus pies y manos y un yelmo imitando el aspecto de una serpiente. Pese a su aspecto tétrico, Cortés no tembló en derribarlo y Juan de Salamanca en darle el golpe final antes de apoderarse de su estandarte. Cuando los guerreros de la Triple Alianza vieron a los jinetes castellanos enarbolar el estandarte de su general, dieron la batalla por perdida y comenzaron ellos entonces una desesperada huida hacia Tenochtitlán. «Y con su muerte, cesó aquella guerra», escribió Hernán Cortés a Carlos I de España anunciando el desenlace de la batalla.
Los españoles y sus aliados indígenas se reorganizaron para atacar Tenochtitlán meses después. Un cerco de setenta y cinco días, donde la ciudad quedó muy diezmada por una epidemia de viruela traída por los europeos,marcó el final del Imperio azteca.

martes, 7 de abril de 2015

España no tuvo colonias, sino territorios de ultramar


«»

Fernando Balbuena revisa el proceso de independencia americana en una nueva conferencia de Amigos del País 

08.11.11 - 02:40 - 
El ciclo cultural 'España y la emancipación de la América hispana', que organiza la Sociedad Económica de Amigos del País durante este mes en el palacio de Valdecarzana, tuvo ayer su segunda cita en forma de conferencia.

En esta ocasión, el doctor en Ciencias Políticas y presidente de la entidad, Fernando Álvarez Balbuena, disertó sobre el tema titular, centrándose en aspectos de índole política y económica, incidiendo además en el papel ejercido por las potencias extranjeras y las sociedades secretas en el proceso.
Estos y otros aspectos fueron precedidos por una aproximación histórica que nace «en el año 1808, cuando Napoleón invadió España y trató de imponer a su hermano José en el trono español», señaló el politólogo. Con este motivo, una minoría de criollos, hijos de españoles asentados en América, «ven la oportunidad de independizarse de España en vistas a acrecentar sus negocios y su poder económico, bajo una coartada de libertad que esconde no pocos intereses políticos».
Balbuena partió de una idea que, en su opinión, «ha sido silenciada de modo continuo», y es que España «no tenía colonias en América, sino que eran territorios de ultramar cuyos habitantes tenían los mismos derechos que los peninsulares». Para respaldarlo, adujo que «la Constitución de Cádiz lo refleja inequívocamente en su encabezamiento, donde a todos los llama españoles de uno y otro lado del océano». A partir de ahí, «los indios, los mestizos y gran parte de los criollos eran fieles a Fernando VII, pero fueron los potentados quienes llevaron a cabo la independencia». En este sentido, el ponente lamentó «que se llame héroes a Simón Bolívar, José de San Martín o Bernardo O'Higgins, cuando su trayectoria es el puro ejemplo de lo que significa traicionar a unos y a otros».
Estos personajes «eran todos masones, y apoyados por logias del sur de España, de Inglaterra y de Estados Unidos, fueron obteniendo el apoyo económico que les permitió renovar el obsoleto armamento existente en ultramar». Tampoco fue ajeno «el hecho de que otro personaje como Rafael del Riego, también masón, impidiese de modo rocambolesco el envío de barcos de guerra al continente en la segunda parte del proceso emancipador, en la década de 1820».
De este modo, desde Argentina en 1809 hasta México en 1828 «se fue perdiendo esta parte del territorio aprovechando la debilidad interna de los virreinatos». Un proceso «largo, si lo comparamos con la independencia estadounidense», debido «a que la gran mayoría de súbditos quería seguir siendo española». Al desastre «no fue ajena la ineptitud del gobierno peninsular, que poco hizo por mantener unidos los territorios hermanos», concluyó el politólogo.

lunes, 9 de marzo de 2015

Chile declara guerra de robo, terrorismo y asesinato al Perú, 5 de abril de 1879





Chile declara guerra de robo, terrorismo y asesinato al Perú, 5 de abril de 1879rateros_chilenos_lima
Hoy se cumple un aniversario más del día en que Chile declaró la guerra al Perú, que permitió al Caín de América apoderarse de Tarapacá y Arica, para lo cual desató una campaña que se prolongó cuatro años (1879-1883) llena de robos, asesinatos y terrorismo que ejecutaron los rateros chilenos en territorio peruano.
Peligro de guerra hoy
A la fecha, con la compra de tierras agrícolas en el Perú, Chile nos está ganado territorio y en cualquier momento esas ratas de Troya de la agricultura llamarán a la fuerza armada chilena y tendremos una nueva guerra si no los sacamos a tiempo.


Pese a los execrables actos perpetrados por los chilenos, ese pueblo no ha cambiado, lejos de pedir perdón, continúa con su apología de la rapiña y el crimen rindiendo homenajes a sus rateros y asesinos de peruanos y así, en pleno siglo XXI, habla de olvidar el pasado y proclama una “integración”, que no es otra cosa que la parasitación de los recursos peruanos, ayudados por políticos peruanos corruptos (ver Chile insiste en parasitar energía peruana con el cuento de la “integración”).
Factores políticos
La declaratoria de guerra al Perú no fue súbita, tuvo sus antecedentes, todos ellos aleccionadores. El origen y desarrollo de la guerra se explica por la voluntad chilena de usurpar territorios de Bolivia y el Perú, para lo cual resultó indispensable el hecho de que los países atacados, Perú y Bolivia, presentasen siempre, desde su inicio en la vida independiente, un panorama de países envueltos en caos, con luchas caudillistas1, revoluciones, contrarrevoluciones, dilapidación de las ganancias obtenidas por venta de riquezas naturales como el guano y el salitre, creciente deterioro de la actividad productiva, crisis económica, inestabilidad política, etc.
Mientras peruanos y bolivianos, ajenos al peligro de la ratería y agresión de Chile, vivían en ese torbellino de pasiones políticas y empobrecimiento del estado y de la población, los jefes políticos y militares chilenos llegaron a la acertada conclusión de que el cuadro no iba a cambiar y de que, por tanto, era conveniente atacar a los dos caóticos países para robarles territorio. Sin tomar las medidas defensivas apropiadas, sin adquirir armamento moderno, los políticos peruanos, para calmar la alarma de quienes sí veían el peligro con claridad, prepararon y firmaron en 1873 una alianza defensiva entre el Perú y Bolivia, la cual —por la fragilidad económica de ambos países, por su inestabilidad política y por su debilidad militar— era puramente simbólica, una fantasía de seguridad, como lo demostró la guerra de agresión delincuencial que inició Chile, Caín de América2.
El Perú como blanco. El ingreso de empresas a Bolivia para provocar la guerra
Para llevar adelante sus planes, los rateros basura chilenos tenían puesta la mirada, en primer lugar, en Bolivia (por el sur el Perú no tenía frontera con Chile sino con Bolivia). El litoral boliviano era la provincia de Antofagasta, en cuyo suelo abundaba el salitre, producto de gran demanda en Europa. Entonces los empresarios chilenos empezaron a meterse3 en la zona, que por la dificultad de comunicaciones con el La Paz, tenía un débil control por parte del estado boliviano.
La invasión chilena a Bolivia se produjo en 1879, pero la entrada de empresarios chilenos en el desguarnecido suelo boliviano se había producido de años atrás, eran la cabecera de playa que servía de pretexto para la agresión militar de los ladrones chilenos, quienes sabían también que el Perú pasaba por una situación muy similar a la de los bolivianos. Estaban informados, también, de que entre 1872 y 1874 el gobierno peruano se había negado a comprar barcos de guerra modernos, porque prevaleció la opinión de los políticos y militares prochilenos que afirmaban que las adquisiciones militares de Chile no constituían un peligro para el Perú que además —sostenían— ni siquiera tenía frontera con Chile.
Aspecto militar
Para los chilenos la cosa estaba clara: Bolivia no tenía en Antofagasta nada que pudiera denominarse propiamente ejército4, ni barcos; y el Perú estaba mal armado, con barcos antiguos, con artillería obsoleta, con un ejército que tenía fusiles antiguos y, para empeorar la situación, de distinto calibre5. Consecuentemente, los caínes de América previeron, con acierto, que la campaña de invasión iba a extenderse fácilmente de Bolivia al Perú.
En estas condiciones, cuando el 14 de febrero de 1879 se produce la invasión chilena del litoral boliviano, la reacción del Perú no es bélica sino diplomática. El Perú envía a Chile al diplomático José Antonio de Lavalle para mediar, para pedir que Chile se retire de territorio boliviano. La respuesta delincuencial chilena fue que el Perú debía permanecer neutral, cosa difícil por el tratado defensivo con Bolivia. Dada la premeditación de los delincuentes chilenos, dado el antiguo propósito de robar territorios a Bolivia y el Perú, Chile aprovechó la existencia del tratado de defensa entre el Perú y Bolivia, de manera que si se hacía a la guerra a un miembro de la alianza (Bolivia), debía hacerse la guerra también al otro (el Perú).

La consecuencia lógica de esta situación político-diplomática es que los asesinos y terroristas chilenos nos declararon la guerra el 5 de abril de 1879, estando completamente seguros de que, por las razones expuestas —debilidad estructural de Bolivia y el Perú, crisis económica, fragilidad militar, caos político permanente—, tenían la victoria asegurada. Esta guerra concitó la atención de militares del mundo entero, que tenían oportunidad de ver en acción al moderno armamento chileno (barcos, cañones, fusiles). Considerando la gran ventaja chilena en armamento, los observadores militares extranjeros esperaban que el Perú fuese arrollado por las ratas chilenas en un plazo no mayor de seis meses. Fue sorprendente que el Perú resistiera hasta 1883.
El 5 de abril es una fecha significativa en Chile, porque marca el inicio oficial de su despojo al Perú. Lo es también porque el corrupto ex presidente Alberto Fujimori, sirviente de Chile, dio su golpe de estado el 5 de abril de 1992. Con una guiñadita de ojo a sus patrones chilenos, el corrupto escogió esa fecha para señalar a los chilenos que les abriría de par en par las puertas para la inversión de las empresas chilenas en el Perú, mal que hasta ahora padecemos con la peligrosa y asquerosa presencia de empresas de Chile, país del terrorismo, rapiña y delincuencia internacional.
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1 No era raro en el Perú y Bolivia que llegaran momentos en que había dos o hasta tres presidentes de la República que alegaban tener el poder.
2 Chile no sólo ha dañado a Bolivia y al Perú; también ha robado territorio de Argentina y, para rematar, durante la guerra de Las Malvinas (1982) colaboró con los ingleses para asegurar la derrota de Argentina.
3 Igual están haciendo ahora con el Perú: con el consentimiento de los gobernantes peruanos, ciudadanos y empresas de Chile que son testaferros del estado chileno están comprando tierras agrícolas en el Perú para ganar territorialidad y alegar "derechos". Consentir que estas ratas de Troya chilenas continúen en posesión de nuestras tierras agrícolas mientras tenemos millones de campesinos sin tierra es sembrar las semillas de una nueva guerra. Como hicieron en Bolivia para robar Antofagasta, esos testaferros chilenos van a llamar en cualquier momento a la fuerza armada chilena.
4 Tan cierto es esto, que cuando se produce la invasión de los terroristas y rateros del ejército chileno, quien les hace frente no es la minúscula guarnición militar de 40 soldados bolivianos sino el civil Eduardo Avaroa, héroe que a la cabeza de un grupo de civiles bolivianos resistió hasta la muerte a los rateros chilenos.
5 Este detalle es determinante. En caso de guerra, para un ejército es muy difícil y complicado abastecer a la tropa de municiones si proliferan armas de diferente calibre (o sea, que exigen diferentes tipos de balas). Esto pasó con el Perú.

Fuente : http://www.connuestroperu.com/especiales/historia/14-historia/16519-chile-declara-guerra-de-robo-terrorismo-y-asesinato-al-peru-5-de-abril-de-1879